La historia demuestra que ningún derecho laboral o social ha sido una concesión espontánea del poder. Cada conquista alcanzada por los trabajadores y el pueblo en su conjunto ha sido el resultado de la organización, la conciencia colectiva, la solidaridad y la movilización social. En consecuencia, corresponde a nuestro sindicato mantener viva esa tradición de lucha, fortaleciendo la unidad de los trabajadores de la educación y consolidando una organización cada vez más participativa y comprometida con la defensa de la educación como derecho fundamental del pueblo y bien público.